El denominado “pink tax” es el sobrecosto en productos femeninos. ¿Cómo se explica esta forma de discriminación que ha permanecido acallada durante años?

¿Por qué una mujer debería pagar más plata por un producto de la góndola? ¿Acaso la brecha de género también se manifiesta en el supermercado? Si prestás atención en tu próximo paseo por una tienda encontrarás que muchos productos femeninos son más caros que los destinados a hombres. De allí proviene la denominación de esta injusticia a la que se conoce como “impuesto rosa”, en vista a la tonalidad de los empaques. En esta nota de Adelantos.com, te invitamos a examinar esta realidad en vías de conseguir mayor equidad, aunque aún con un largo trecho por recorrer.

¿Acaso es muy diferente una maquinita de afeitar descartable para hombres, que aquellas que están fabricadas para mujeres? Si solamente cambia su color (habitualmente rosado para ellas), ¿qué es lo que justifica que su precio sea más elevado? En concreto, el impuesto rosa es el porcentaje adicional que las mujeres deben pagar por productos que, al menos en los papeles, fueron diseñados para ellas. Diversos estudios de mercado revelaron que el aumento puede llegar, en ocasiones, hasta el 50% respecto a versiones similares o iguales destinadas a varones.

Entre los ejemplos del impuesto rosa se destacan los productos de belleza, por ejemplo, las máquinas de rasurar, las cremas, los desodorantes y perfumes. Esta injusticia también se evidencia en productos farmacéuticos, como analgésicos, incluso cuando tienen los mismos componentes que las versiones regulares. Además, el costo oculto también emerge en servicios, por ejemplo, en cortes de pelo o el lavado de una camisa en una tintorería. Relevamientos demostraron que, a veces, con sólo cambiar el color, los fabricantes piden más por aquellos que tienen color rosado.

Al divulgarse este comportamiento, en diferentes países del mundo se impulsaron regulaciones para frenar el alcance del “impuesto” sobre los productos femeninos. Si bien el concepto se acuñó en la década de 1990 (surgió en California, Estados Unidos) aún resta camino por recorrer para que se equiparen las realidades y se disuelva la desigualdad de género. En nuestro país, un reporte reciente del sitio Infobae mostró que en la actualidad las mujeres pagar un promedio de 10.8% más en relación a los hombres, examinando productos similares. Ese dato se desprende de un estudio realizado por la consultora Focus Market.

“Las razones por las que las mujeres pagan más por los mismos bienes y servicios son tan variadas como los propios productos e industrias. Como ocurre con muchos problemas de desigualdad, hay causas que son intencionalmente discriminatorias y otras que están impulsadas por los precedentes y las ganancias”, nota la fuente, que además señala que no toda la responsabilidad de este impuesto injusto recae sobre los fabricantes, sino también en cobros de importación, que suelen ser más altos para los productos femeninos incluso cuando, tal como comentamos anteriormente, ellas ganan aproximadamente un 25% menos que ellos.

En directa relación con la importancia de echar luz sobre el impuesto rosa, para que ya no se aplique, surgió en las redes la movida #MenstruaAcción, que procura mostrar que, incluso cuando las mujeres ganan menos y deben pagar más, ellas deben gastar una suma mensual durante la menstruación, destinando cerca de 3.000 pesos por mes en insumos. Esa campaña pide que se quite el IVA a los productos femeninos, especialmente a los relacionados a la menstruación, y que se ofrezcan en forma gratuita en escuelas, universidades y hospitales.



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